miércoles, 25 de agosto de 2010

martes, 24 de agosto de 2010

Lisboa.


"Lisboa, a la que tantos han cubierto de palabras, está llena de escondites, de accidentes, y aún puede sorprendernos al menor descuido. Cualquier fragmento de su laberinto de sonidos, aromas, colores, es nuevo para cada recién llegado, porque la ciudad abre siempre para él su arcón de frescas o añejas historias, sus museos, su enjambre de azulejos, sus colores, patios, terrazas, jardines, personajes, sitios de reunión, secretos, ironías. La ciudad se muestra y oculta como en capas, en niveles, sin un centro porque éste puede encontrarse en todas partes y en ninguna. Lo que permite y hasta exige una aproximación siempre lateral, sinuosa como ella, a sus símbolos y fechas, cifrados -y hasta representados- en algunas de sus aceras de mosaico.Lisboa, sitio donde la imaginación se detiene porque le parece haber llegado por fin a donde todos los sueños son posibles. Pero cuidado, posibles no significa realizados y ni siquiera a veces probables, porque aquí la palabra posible debe leerse a la luz de la duda e incertidumbre portuguesas, ilustradas en sus expresiones emblemáticas: "Logo se ve, já se verá"; similares a nuestro "ya veremos", pero empleadas en un número mayor de situaciones y contextos."

Tengo que reconocer que a mi me ha sorprendido y muy gratamente, pues siempre me la imagine de otra manera. Y es cierto que nada mas entrar por el puente 25 de abril y mirar a tu alrededor ya empiezas a imaginar y soñar.


El viento alza los vestigios
pintando el aire de color quimera.
El tiempo, na Praça do Comercio,
es un espejo embajador de ausencias,
de silencios, de utopías rotas
sabor vino de Oporto
Aquí, solo, frío, sentado en la terraza
de este bar sin memoria,
olfateo la vida que reside
en la voz de las esquinas adoquinadas,
ejerzo mi vocación de miserable voyeur
agotando su stock de decepciones,
soy ese mísero mercader de nostalgias
aguardando un último bis a bis
con el olvido más crudo.
Aquí, solo, frío, sentado en la terraza
de este bar sin nombre,
marchita el tiempo en cada abismo,
mudo mi piel de erizo,
mimetizo con el trinar de los tranvías,
pago la cuenta pendiente que tengo
con los versos de Pessoa.

Daniel Ramos.