Encabezando una historia, que no falte aquel “érase una vez…”.
Érase una vez un hada madrina y un joven mago. Vivian en un valle encantado; lleno de paz. Aun por separado, la bella hada trabajó muy duro, con todas sus fuerzas, para que su reino se alzara y su casita no se destrozara. Ella no se daba cuenta, pero cada vez que alzaba el vuelo y desprendía su polvo mágico, la gente sanaba y sus corazones se hacían más fuertes. Y no fue muy diferente lo que ocurrió con el joven mago, que hechizaba injurias y alzaba muros, solo con la mirada, para que todos los suyos estuvieran bien.
Y, ya que de un simple cuento se trata, el destino fue el que los hizo encontrarse.
Lo que vino después ya no fue tan fácil. Descubrieron el amor más profundo y las dificultades que agrietaban el camino. Aun así…corrieron juntos. Apostaron juntos. Se dieron la mano y la promesa de no soltarse. Compartieron mañanas, el tiempo, la luna, desayunos, la almohada, los días. Las almas.
Y decidieron seguir con su tarea como mago y hada. Tras unos años y un pequeño hechizo, se escucharon tres llantos acabados de nacer. Llantos que, con el tiempo, se convirtieron en risas. Tres pequeños y una más que crecieron con la sabiduría y tras el esfuerzo de sus padres.
Y, ¿qué fue de ellos? ¿Qué fue de su vida?
Bien, ellos… siguieron de la mano. Compartieron millones de momentos más juntos. Ellos abrazaron a sus nietos, amaron a su familia. Y volvieron a pasear por Berlanga. Vivieron en Barcelona. Y repartieron pedazos de sus corazones, con una mano en el pecho. De todo corazón. Y, no se si hechizaron a toda Barcelona, Berlanga, el valle encantado o su pequeña casita, pero una cosa si la tenemos clara: hechizaron a su familia.
Y ahora ya no somos los mismos si no estamos con ellos dos, igual que un cuento no es un cuento sin aquel “érase una vez”.
¡Felices 50 años juntos!
Escrito por Irene Pozo Murillo
A mis padres, con todo mi amor.
Vuestra herencia